«Nací en un tiempo en el que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón por la que sus mayores la habían tenido —sin saber por qué—. Entonces, como el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente y no porque piense, la mayoría de esos jóvenes escogió la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa clase de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, y no ven sólo la multitud de la que forman parte, sino también los grandes espacios de alrededor. Por eso, ni abandoné a Dios tan abiertamente como ellos, ni he aceptado jamás a la Humanidad. Consideré que Dios, siendo improbable, podría existir; pudiendo, por tanto, ser fruto de adoración. La Humanidad, en cambio, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto a la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una forma de revivir los cultos antiguos, cuando los animales eran considerados como dioses o los dioses tenían cabezas de animal.Así las cosas, no sabiendo creer en Dios y no pudiendo creer en una suma de animales, me encontré, como otros hombres, en esa distancia de todo que solemos llamar Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia, pues la inconsciencia es el fundamento de la vida. Si el corazón pudiera pensar, se detendría.A quien, como yo, que vive sin saber tener vida, ¿qué le resta más que la renuncia como forma y la contemplación por destino, como ocurre con mis pocos semejantes? No sabiendo qué es la vida religiosa, ni pudiendo saberlo ya, pues no se puede tener fe con la razón, no pudiendo tener fe en la abstracción del hombre, ni sabiendo qué hacer con ella frente a nosotros, nos resta como consecuencia del alma la contemplación estética de la vida.»
· Fernando Pessoa.
19.4.19
Del Libro del Desasosiego IV
30.12.18
De El mito de Sísifo VIII
«Comenzar a pensar es comenzar a estar minado. La sociedad no tiene mucho que ver con estos comienzos. El gusano se encuentra en el corazón del hombre. Allí hay que buscarlo. Es preciso seguir y comprender el juego moral que lleva de la lucidez frente a la existencia a la evasión fuera de la luz.»
· Albert Camus.
29.12.18
«Hay esperas nocturnasde no se sabe aún qué amor.»· André Gide.
«Lloro porque no tengo nada más que decir.»· André Gide.
«(Sentí muchas veces que la naturaleza me pedía un gesto y no supe cuál darle.)Esperar el sueño que no vendrá...»
· André Gide.
8.10.18
«¿Habrá nuevas promesas de castigos para mi sed, por todo lo que he encontrado bello sobre la tierra?»
· André Gide.
«No te apegues sino a lo que tú sientas que no existe en ningún otro lugar más que en ti mismo, y crea de ti, con paciencia o con impaciencia, ¡ah!, el más insustituible de los seres».
· André Gide.
«¿Cuánto duraréis, esperas?, y una vez terminadas, ¿nos quedará algo por lo que vivir? ¡Esperar!, pero ¿esperar qué?, gritaba yo, ¿qué podría suceder que no naciera de nosotros mismos? ¿Y qué podría nacer de nosotros mismos que no conociéramos ya?».
· André Gide.
De Los alimentos terrenales III
«Ella volvió los ojos hacia las nacientes estrellas. "Conozco todos sus nombres —dijo—, cada una tiene varios, y también diferentes virtudes. Su movimiento, que nos parece lento, es rápido y las vuelve ardientes. Su inquieto ardor es la causa de la violencia de su carrera, y su esplendor es el efecto. Una íntima voluntad las empuja y las dirige; un celo exquisito las quema y las consume; por eso son radiantes y bellas.
Se mantienen unidas unas a otras por lazos que son virtudes y fuerzas, de manera que una depende de otra y esa otra depende de todas. Su camino está trazado y todas encuentran su camino. No podrían cambiarlo sin desviar del suyo a otra, ya que cada una de ellas cuida de la otra. Y elige el camino que tenía que seguir. Lo que debe hacer es necesario que lo quiera y ese camino que nos parece fatal es para ellas su camino preferido, ya que todas tienen una voluntad perfecta. Un amor ciego las guía. Nosotros dependemos de ellas porque su elección dicta las leyes. No podemos escapar"».
· André Gide.
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