«Tienes un deseo: morir.
Y una esperanza: no morir.»· Alfonsina Storni.
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18.2.21
SAPO Y MAR
Azul plomisoel martejía aurorasamarillasen el confín.Y un sapo,sobre su vozcrepuscular, dejabacaer el goterónmetálicode su habla.Abiertoel infinitoa mi derecha;a izquierdael punto matemáticorompiendoen un verdede musgos oxidados.Sola. Dispersa.Una cortinaheladadaba el sí... no...del pensamientohuyente.
Y una taza de té
frente a mis ojos
era el único lazo
que me unía,
animal triste,
a mi mortal cadena.· Alfonsina Storni.
13.2.21
LLAMA
Sobre la cruz del tiempo
clavada estoy.
Mi queja abre la pulpa
del corazón divino
y su estremecimiento
aterciopela
el musgo de la tierra.
Un ámbar agridulce
destilado de las
flores cerúleas
cae a mojar
mis labios sedientos.
Ríos de sangre
bajan de mis manos
a salpicar el rostro
de los hombres.
El rumor lejano
del mundo, ráfaga cálida,
evapora el sudor
de mi frente.
Mis ojos, faros de angustia,
trazan señales misteriosas
en los mares desiertos.
Y, eterna,
la llama de mi corazón
sube en espirales
a iluminar el horizonte.· Alfonsina Storni.
AGRIO ESTÁ EL MUNDO
Agrio está el mundo,
inmaduro,
detenido;
sus bosques
florecen puntas de acero;
suben las viejas tumbas
a las superficies;
el agua de los mares
acuna
casas de espanto.
Agrio está el sol
sobre el mundo;
Ahogado en los vahos
de sus pantanos;
inmaduro,
detenido.
Agria está la luna
sobre el mundo;
verde,
desteñida;
caza fantasmas
con sus patines
húmedos.
Agrio está el viento
sobre el mundo;
alza nubes de insectos muertos,
se ata, roto,
a las torres;
se anuda crespones
de llanto;
pesa sobre los techos.
Agrio está el hombre
sobre el mundo,
balanceándose
sobre sus piernas:
A sus espaldas,
todo,
desierto de piedras;
a su frente,
todo,
desierto de soles,
ciego...· Alfonsina Storni.
¿DE QUÉ ME QUEJO?
¿De qué me quejo? Es cierto que me bajé hasta el fondo
Del alma del que amaba, y lleno de sí mismo
Lo hallé, y al viento helado de su helado egoísmo
Dudé que el globo fuera, como dicen, redondo.
¿De qué me quejo? ¿Acaso porque el cuerpo, en su daño,
Afiebrado se arrastra en zigzag por el suelo,
Y el monstruo pecho hinchado le impide alzar el vuelo,
Pues dentro el pulpo negro crece del desengaño?
¿De qué me quejo? Gracias. Mantengo todavía
Vértebra sobre vértebra. Hacia la melodía
Mi fina red nerviosa aún puede con anhelo
Tenderse, oír los dulces, inefables, sonidos.
En mis cuencas aún giran los ojos sostenidos
Y aunque pesados se alzan hacia tu luz, oh cielo.· Alfonsina Storni.
SOY
Soy suave y triste si idolatro, puedo
Bajar el cielo hasta mi mano cuando
El alma de otro al alma mía enredo.
Plumón alguno no hallarás más blando.
Ninguna como yo las manos besa,
Ni se acurruca tanto en un ensueño,
Ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,
Un alma humana de mayor terneza.
Muero sobre los ojos, si los siento
Como pájaros vivos, un momento,
Aletear bajo mis dedos blancos.
Sé la frase que encanta y que comprende;
Y sé callar cuando la luna asciende
Enorme y roja sobre los barrancos.· Alfonsina Storni.
EL ENSAYO
Si el corazón me fuera percutido
Pudiera ser que resonara a muerto,
Pero pudiera ser que diese ruido
De pájaros cantores en un huerto.
Es verdad que a morir, desde nacido,
Este buen corazón se va ensayando,
Pero, ensayos de un drama no aprendido,
Así vive, cayendo y levantando.
Las veces que ha cambiado de postura
No son una por cierto, sino cien;
Que el arte de morir es cosa dura:
Se ensaya mucho y no se aprende bien.· Alfonsina Storni.
EL CLAMOR
Alguna vez, andando por la vida,
Por piedad, por amor,
Como se da una fuente, sin reservas,
Yo di mi corazón.
Y dije al que pasaba, sin malicia,
Y quizá con fervor.
—Obedezco a la ley que nos gobierna:
He dado el corazón.
Y tan pronto lo dije, como un eco,
Ya se corrió la voz:
—Ved la mala mujer esa que pasa:
Ha dado el corazón.
De boca en boca, sobre los tejados,
Rodaba este clamor:
—¡Echadle piedras, eh, sobre la cara;
Ha dado el corazón!
Ya está sangrando, sí, la cara mía,
Pero no de rubor;
Que me vuelvo a los hombres y repito:
¡He dado el corazón!· Alfonsina Storni.
DULCE TORTURA
Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía;
Sobre tus manos largas desparramé mi vida;
Mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
Ahora soy un ánfora de perfume vacía.
¡Cuánta dulce tortura quietamente sufrida,
Cuando, picada el alma de tristeza sombría,
Sabedora de engaños, me pasaba los días
Besando las dos manos que me ajaban la vida!· Alfonsina Storni.
12.2.21
SUTIL ENTOLDADO
Lágrimas de él las que mis ojos vieron:No crea el aire que voló con ellas,Ni arriba que las guardan las estrellas,Ni el tiempo que en su filtro se perdieron.Sin que lo comprendiera, suavemente,Se trasvasaron a mi vida; ahora,Vuelto mi pecho fuente de su fuente,En lluvia fina su dolor me llora.Si de esas blancas gotas vapor subeA cegarme los ojos como nubeQue entolda a veces el celeste cielo¿He de quejarme porque ya no vea?Ceguera dulce que su amor me crea:Me esconda el mundo tan divino velo.· Alfonsina Storni.
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