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9.6.17



«El dorado día no nace para mí. Penumbra perpetua del cuerpo erotizado por su deseo de morir. La lívida luz del amanecer entrando a donde el espejo es el infierno. Mueres de cualquier manera. La luz es puerta sin gracia en el soplo mágico de la noche. Viento, parte inaudita de ti. Si me amas me la darás aunque no vivas, aunque no estés aquí. Aunque mueras habrás más daño que hacerte. Puedes retroceder. Irte a un paraíso más cercano que cualquier alba. Un viento fuerte hecho de imágenes desencontradas. Vende tu luz extraña, tu cerco inverosímil, tu deseo mágico de asaltar desde las nubes faroles extraños. Un buen fuego en el país no visto. Un fuego sin desenlace en el estío vencido por ti. Véndelo luego porque la luz se arrima a imágenes de gloria y candor cercano. La luz, el heroísmo de estos días a venir. Pálida afiebrada. Vences en el deseo de considerar la luz como un excedente de demasiadas cosas demasiado lejanas. Reconócete animal perdido. Véncete en demasiadas cosas demasiado lejanas. Aunque ames o te mueras de simple ir andando hasta encontrar rabia y tranquilos estadios de olvido. Véante mis ojos. Véante mis labios. Véate mi cuerpo. Invade azulmente mi mirada dividida, escindida, prohibida. Invade hasta invadirte. Mida la extensión de mi amor, la de mi odio. En extrañas cosas moras.

Estado peligroso de fatiga, insomnio y palpitaciones cardíacas. Me siento muerta, mejor dicho, un peso muerto, algo enormemente pesado, no mi cuerpo sino esto que se llama yo. Hasta cuando me llaman por mi nombre, hasta cuando dicen Alejandra, me siento caer sin fuerzas para sobrellevar mi nombre y con muchas menos fuerzas, aún, para responder a la llamada. Además respiro muy mal —todo el peso reside en el pecho—. Si todo esto me permitiera escribir y leer no me importaría. Pero ¿qué quiero? Quería un largo espacio sin tiempo y lo tengo. Sólo que yo lo quería en soledad absoluta. Y aquí gasto mis tan escasas fuerzas en ponerme tensa delante de los demás, en sentirme perseguida, hostigada hostilizada. Y pensando —sin duda tengo razones válidas para ello— que ya estoy completamente idiota.»


 · Alejandra Pizarnik.

23.10.16



«Abandono completo. No hay solución. La esperanza ha lanzado un último estertor. Mirad sus ojos abiertos, enfocados hacia un cielo de ausencia, contemplad sus manos lastimadas por la incomprensión. Aprended de su sonrisa bañada de asco, de su piel transida de miedo. Llorad, es necesario llorar toda la vida, porque mi esperanza ha muerto.

La mañana para llorar. La noche para desear. La tarde para jugar a la vida.

¿Renace la alegría? No. Es el amor que encendió un fuego cerca de mi corazón.

Existe alguien, alguien como tú o él, alguien que llora y tiene manos, alguien con un barco dentro de cada ojo, alguien cuyos labios tienen gusto a la sonrisa del mar cuando el sol lo saluda, alguien de cuya frente surgen canciones inmemoriales, alguien con un corazón mensajero que lleva cartas al infinito, alguien, en suma, como tú y como él. Y ese alguien es mi amor. Aunque yo sea una mendiga despreciada, aunque mis ojos hayan sido secuestrados por el llanto, aunque yo corra, de calle en calle, y me arrastre con un bicho dentro y aunque el bicho me muerda y me haga aullar, él es el que yo amo. (Y no cierro los ojos al decirlo.)

Excitación. Vértigo. Ganas de subirme a una estrella y decirle: Amo.

En mi amor todo es pérdida. Pero he aquí mis ojos lucientes como perros rabiosos. He aquí mis manos dulces como la lluvia. En mi amor todo es pérdida. (Hoy y siempre debo recordarlo. Hoy y siempre.)»


· Alejandra Pizarnik.

2.10.16


11 de septiembre de 1959



«Entonces llegas tú, con ojos, con miradas, contemplándome hasta quemar mi edad y mi historia. Me regresas, me trasladas al tiempo sin números, me zambulles en el mar de sangre y cielo. Yo duermo y oficio de contemplada. Mis ojos arrojan fuego verde por los párpados cerrados. Sonrío como un pájaro que muere en medio de su canto. Me deshago en tu mirada: en tus ojos hay la seguridad y el orden, hay la creación, hay la poesía seria como una invocación a la lluvia. Habito tus ojos para guarecerme del frío y del peligro conocido. En tus ojos hay las aventuras que siempre finalizan con manos entrelazadas. Llega a mí.»


· Alejandra Pizarnik.



«Domingo. Lento y opaco domingo lleno de garras oscuras que atraen misteriosamente las horas. Domingo. Las sombras cubren mi tristeza que desciende simétricamente hacia el vacío.»


· Alejandra Pizarnik.

31.7.16


«Amo y no sé qué hacer.
¿Qué se hace en este mundo civilizado cuando se ama así?»

· Alejandra Pizarnik.

13.3.16


Lazo mortal



«Palabras emitidas por un pensamiento a modo de tabla del náufrago. Hacer el amor adentro de nuestro abrazo significó una luz negra: la oscuridad se puso a brillar. Era la luz reencontrada, doblemente apagada pero de algún modo más viva que mil soles. El color del mausoleo infantil, el mortuorio color de los detenidos deseos se abrió en la salvaje habitación. El ritmo de los cuerpos ocultaba el vuelo de los cuervos. El ritmo de los cuerpos cavaba un espacio de luz dentro de la luz.»
· Alejandra Pizarnik.

21.8.15


«...Y recordarán mi nombre que significó mucho para quien lo llevó como un arma en la noche de los grandes reconocimientos y del dolor sin desenlace.»

· Alejandra Pizarnik.



«―¿Quién se acercará a mi cadáver y me dirá: Estás muerta? Aunque no lo pueda escuchar lo sabré, algo en mí lo sabrá, porque algo en mí no morirá conmigo, algo en mí esperó demasiado tiempo como para no poder oír esas palabras. ¿Quién lo dirá?

―Yo.

Lo miré. Estaba llorando. “Para llegar a esto te ha sido preciso miles de noches de insomnio, en una tensión que estiraba tus nervios hasta el otro lado de la noche, en la oscuridad esquiva donde las sombras baten sonidos que son sus nombres amados, en el desenfreno de una llamada inarticulada y torpe, en un rito cotidiano en el que tú, pálida y afiebrada, bebías alcohol para someterte más rápidamente a las leyes del amor que no sacia”. Lloraba por mí. “Demasiado tarde esta fiesta lujosa en honor de la muchacha polvorienta comida por el deseo. Demasiado tarde esta exhibición de piedad humana con sus límites y terminaciones. ¿Cuánto tiempo seguir llorando? ¿Cuánto han de darme sus ojos en esta noche impecable con estrellas que son estrellas y una luna real que no oscila?

Quise decirle: "Ven a mí, ahora que nadie nos ve, ahora que lo verde de este maléfico jardín entró en la austeridad anónima de una noche de verano. Ven a mí: si vienes, las estrellas seguirán siéndolo, la luna no se cambiará con colores ultrajantes ni habrá metamorfosis dañinas. Nadie verá que tú vienes a mí. Ni siquiera yo, pues yo ya estoy muy lejos, yo ya estoy en otro mundo, amándote con una furia que no imaginas. Ven a mí si quieres salvarte de mi locura y de mi rabia, ten piedad de ti y ven a mí. Nadie lo sabrá, ni siquiera yo, pues yo estoy vagando por las calles de otra ciudad, vestida de mendiga vieja, acoplando tus nombres a canciones obscuras que son como puñales para fijar mi delirio. Mi sangre, mi sexo, mi sagrada manía de creerme yo, mi porvenir inmutable, mi pasado que viene, mi atrio donde muero cada noche. Oh ven, nada ni nadie lo sabrán nunca. Aun cuando yo no lo quiera ven. Aun cuando yo te odio y te abandone, ven y tómame a la fuerza".

[...]

Y me dije: “Si supiera qué poco me importa lo que dice. Si supiera qué poco me importa cómo me mira. Si supiera qué poco me importa que su piedad sea amor o su amor indiferencia. Si supiera qué lejos estoy de los nombres y de las palabras, de la verdad, de la mentira, del cansancio, de la monotonía. Si supiera que no me importa morir así como no me importa vivir porque estoy ya muy cansada de mi enfermera y mi guardiana, de curar a la lejana que soy, a la evadida que me fui, a la maravillosa enamorada más sutil que el viento, detenida ahora por algún pecado insoluble, en su sitial de noche y desgracia, hermanada a la melancólica soledad de un lugar blanco y pétreo donde ella llora su amor inexplicable”.»


· Alejandra Pizarnik.

12.6.15


«Y yo sola con mis voces, y tú, tanto estás del otro lado que te confundo conmigo.»

· Alejandra Pizarnik.

5.4.15


«Para que las palabras no basten es preciso una muerte en el corazón. La luz del lenguaje me cubre como una música, imagen mordida por los perros del desconsuelo, y el invierno sube por mí como la enamorada del muro. Cuando espero dejar de esperar, sucede tu caída dentro de mí. Ya no soy más que un adentro.»


· Alejandra Pizarnik.

29.1.15


«Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del templo.

Un canto que atravieso como un túnel.»


· Alejandra Pizarnik.

27.1.15



«Si supiera qué lejos estoy de los nombres y de las palabras, de la verdad, de la mentira, del cansancio, de la monotonía. Si supiera que no me importa morir así como no me importa vivir porque estoy ya muy cansada de mi enfermera y mi guardiana, de curar a la lejana que soy, a la evadida que me fui, a la maravillosa enamorada más sutil que el viento, detenida ahora por algún pecado insoluble, en su sitial de noche y desgracia, hermanada a la melancólica soledad de un lugar blanco y pétreo donde ella llora su amor inexplicable.»


· Alejandra Pizarnik.



«La soledad no es estar parada en el muelle, a la madrugada, mirando el agua con avidez. La soledad es no poder decirla por no poder circundarla por no poder darle un rostro por no poder hacerla sinónimo de un paisaje. La soledad sería esta melodía rota de mis frases.»

· Alejandra Pizarnik.

19.1.15

L'obscurité des eaux



«Escucho resonar el agua que cae en mi sueño.
Las palabras caen como el agua yo caigo.
Dibujo en mis ojos la forma de mis ojos,
nado en mis aguas, me digo mis silencios.
Toda la noche espero que mi lenguaje logre configurarme.
Y pienso en el viento que viene a mí, permanece en mí.
Toda la noche he caminado bajo la lluvia desconocida.
A mí me han dado un silencio pleno de formas y visiones (dices).
Y corres desolada como el único pájaro en el viento.»


· Alejandra Pizarnik.

8.1.15


«abrazando a tu sombra en un sueño

mis huesos se arqueaban como flores»


III



«Voces, rumores, sombras, cantos de ahogados: no sé si son signos o una tortura. Alguien demora en el jardín el paso del tiempo. Y las criaturas del otoño abandonadas al silencio. Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo ya no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto.»


· Alejandra Pizarnik.

24.11.14



«La cabeza cortada canta:
"Los hombres no son felices y después mueren".»

21.9.14

En extrañas cosas moro


 
«Simplemente no soy de este mundo... yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva... no puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie... ¿qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. No lo querré acaso.»


· Alejandra Pizarnik.

15.9.14

Mucho más allá

Profane Fetmilch Lenzt Elf Krank (1999), Bethlehem.


«¿Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué, a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿Es que yo soy? ¿Verdad que sí?
¿No es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.»


· Alejandra Pizarnik.