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19.4.19


Del Libro del Desasosiego VII


«Convivir con los demás es una tortura para mí. Y bien sé que los otros están en mí. Aunque apartado de ellos, estoy condenado a convivir con ellos. A solas conmigo, me cerca la multitud. No tengo a dónde huir a menos que huya de mí mismo.»


· Fernando Pessoa.


«Créanme, si no existiese gente inteligente que alertase de los distintos males humanos, la Humanidad ni se hubiera percatado de ellos.»

· Fernando Pessoa.

Del Libro del Desasosiego VI


Paisaje de lluvia (I)


«En cada gota de lluvia mi errada vida llora en la naturaleza. Hay algo en mi desasosiego en ese gota a gota, en ese llover y llover con que la tristeza del día se descompone inútilmente sobre la tierra.
  Llueve tanto, tanto. Mi alma se empapa al oírlo. Tanto... Mi carne es líquida y acuosa en torno a mi sensación de ella.
  Un frío desasosegado abraza con manos gélidas mi pobre corazón. Las grises horas y ☐ se alargan y se aplanan en el tiempo; los momentos se suceden.
  ¡Cómo llueve!

Los canalones dejan caer torrentes mínimos de aguas súbitas. Desciende por mi saber que tiene canalones, un ruido perturbador al caer el agua. Golpea contra el cristal, indolente, gemidoramente la lluvia; ☐

Una fría mano me aprieta la garganta y no me deja respirar la vida.
  Todo muere en mí, incluso el saber que puedo soñar. De ningún modo físico estoy bien. No hay blandura donde me apoye que no tenga aristas para mi alma. Todas las suavidades en que me reclino tienen aristas para mi alma. Todas las miradas hacia donde miro están tan oscuras de tanto ser golpeadas por esta luz empobrecida del día, que parecen dejarse morir sin dolor.»


· Fernando Pessoa.

Del Libro del Desasosiego V


«Haré del soñarte un ser fuerte, y mi prosa, cuando hable a tu Belleza, tendrá melodías en la forma, curvas en las estrofas, esplendores súbitos como los de los versos inmortales.

Creemos, oh Apenas-Mía, tú por existir y yo por verte existir, un arte diferente al arte conocido.

Que de tu cuerpo de ánfora inútil sepa yo extraer el alma de los nuevos versos y de tu ritmo lento de ola efímera sepan mis dedos temblorosos buscar las líneas pérfidas de una prosa virgen de ser oída.

Tu sonrisa melodiosa al irse, sea para mí símbolo y emblema visible del sollozo callado del innúmero mundo que se sabe errado e imperfecto.

Tus manos de tocadora de arpa ciérrenme los párpados cuando yo muera al haberte dado el construir mi vida. Y tú, que no eres nadie, serás para siempre, oh Supremo, el arte querido de los dioses que nunca fueron y la madre virgen y estéril de los dioses que nunca serán.»


· Fernando Pessoa.


«Tú eres todo lo que no es la vida; lo que de bueno y de hermoso los sueños dejan y no existe.»

· Fernando Pessoa.

Del Libro del Desasosiego IV


«Nací en un tiempo en el que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón por la que sus mayores la habían tenido —sin saber por qué—. Entonces, como el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente y no porque piense, la mayoría de esos jóvenes escogió la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa clase de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, y no ven sólo la multitud de la que forman parte, sino también los grandes espacios de alrededor. Por eso, ni abandoné a Dios tan abiertamente como ellos, ni he aceptado jamás a la Humanidad. Consideré que Dios, siendo improbable, podría existir; pudiendo, por tanto, ser fruto de adoración. La Humanidad, en cambio, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto a la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una forma de revivir los cultos antiguos, cuando los animales eran considerados como dioses o los dioses tenían cabezas de animal. 

Así las cosas, no sabiendo creer en Dios y no pudiendo creer en una suma de animales, me encontré, como otros hombres, en esa distancia de todo que solemos llamar Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia, pues la inconsciencia es el fundamento de la vida. Si el corazón pudiera pensar, se detendría. 

A quien, como yo, que vive sin saber tener vida, ¿qué le resta más que la renuncia como forma y la contemplación por destino, como ocurre con mis pocos semejantes? No sabiendo qué es la vida religiosa, ni pudiendo saberlo ya, pues no se puede tener fe con la razón, no pudiendo tener fe en la abstracción del hombre, ni sabiendo qué hacer con ella frente a nosotros, nos resta como consecuencia del alma la contemplación estética de la vida.»


· Fernando Pessoa.

1.2.15



«Lo que hay de más doloroso en el sueño es el no existir.»


· Fernando Pessoa.     


28.1.15

Del Libro del Desasosiego III


«Pero la exclusión, que me he impuesto, de los fines y de los movimientos de la vida; la ruptura, que he procurado, de mi contacto con las cosas —me ha conducido precisamente a aquello de lo que yo procuraba huir. Yo no quería sentir la vida, ni tocar las cosas, sabiendo, por la experiencia de mi temperamento al contagio del mundo, que la sensación de la vida era siempre dolorosa para mí. Pero al evitar ese contacto, me he aislado y, al aislarme, he exacerbado mi ya excesiva sensibilidad. Si fuese posible cortar del todo el contacto con las cosas, le iría bien a mi sensibilidad. Pero ese aislamiento total no puede efectuarse. Por menos que yo haga, respiro; por menos que actúe, me muevo. Y, así, al conseguir exacerbar mi sensibilidad mediante el aislamiento, he conseguido que los hechos mínimos, que antes nada, incluso a mí, me harían, me hiriesen como catástrofes. He equivocado el método de fuga. He huido, mediante un rodeo incómodo, hacia el mismo lugar en que estaba, con el cansancio del viaje sobre el horror de vivir allí.

Nunca he encarado el suicidio como una solución, porque odio a la vida por amor a ella. Me ha llevado tiempo convencerme de este lamentable equívoco en que vivo conmigo mismo. Convencido de él, me he quedado desazonado, lo que siempre me sucede cuando me convenzo de algo, porque el convencimiento es en mí, siempre, la pérdida de una ilusión.

He matado a la voluntad a fuerza de analizarla. ¡Quién me volverá a la infancia de antes del análisis, incluso de antes de la voluntad!

En mis parques, sueño muerto, la somnolencia de los estanques al sol alto, cuando los rumores de los insectos se aglomeran en la hora y me pesa vivir, no como una angustia, sino como un dolor físico por concluir. Palacios muy lejos, bosques absortos, la estrechez de los paseos a lo lejos, la gracia muerta de los bancos de piedra para los que han sido: pompas muertas, gracia deshecha, oropel perdido. Anhelo mío que olvido, ¡ojalá pudiera recuperar la amargura con que te he soñado!»


· Fernando Pessoa.

22.12.14

Del Libro del Desasosiego II



«Corren ríos, ríos eternos bajo la ventana de mi silencio. Miro hacia la otra orilla y no sé por qué no consigo soñar con estar del otro lado, ajeno a mí y feliz. Quizás porque sólo tú consuelas y sólo tú entretienes y sólo tú unges y oficias.

¿Qué misa blanca interrumpes para lanzarme la bendición de mostrarte siendo? ¿En qué punto de la danza te detienes, y el Tiempo contigo, para que de tu detenerte hagas un puente hacia mi alma y de tu sonrisa, púrpura de mi fasto?

Cisne del desasosiego rítmico, lira de las inmortales horas, arpa incierta de pesadumbres míticas —tú eres la Esperada y la Ida, la que apaga y hiere, la que dora de dolor las alegrías y de rosas corona las tristezas.

¿Qué Dios te creó, qué Dios odiado por el Dios que se hizo el mundo?

Tú no lo sabes, no sabes lo que no sabes, no quieres saber o no saber. Desnudaste de propósitos tu vida, nimbaste de irrealidad tu propio mostrarte, te vestiste de perfección y de intangibilidad, para que ni las Horas te besasen ni los Días te sonrieran, y ni en las Noches te viesen tomar la luna entre las manos para que se pareciese a un lirio.

Deshoja, oh mi amor, sobre mí los pétalos de las mejores rosas, de los más perfectos lirios, de crisantemos ☐ que huelen a la melodía de su nombre. 
Y yo haré morir en mí tu vida, oh Virgen que ningún abrazo espera, que no busca ningún beso, que ningún pensamiento desflora. 
Atrio, sólo atrio de todas las esperanzas, Umbral de todos los deseos, Ventana de todos los sueños, ☐
Mirador hacia todos los paisajes que son bosque nocturno y río lejano tembloroso por el reflejo constante de la luna... 
Versos, prosas que no pueden escribirse, sino sólo soñarse.» 

· Fernando Pessoa.

12.12.14


«La vida, espiral de la Nada, infinitamente ansiosa por lo que no puede haber.»

· Fernando Pessoa.

9.10.14

Del Libro del Desasosiego I


«La historia niega las cosas verdaderas. Hay períodos de orden en los que todo es vil y períodos de desorden en los que todo es grande. Las decadencias son fértiles en virilidad mental; las épocas de fuerza, en debilidad de espíritu. Todo se mezcla y se entrecruza, y no existe verdad salvo en el suponerla.»

· Fernando Pessoa.