«Como el gladiador en la arena donde ha sido puesto por el destino que siendo esclavo lo expone como condenado, saludo sin que tema al César que haya en este circo rodeado de estrellas. Saludo de frente, sin orgullo, pues tal cosa no puede tenerla el esclavo; y sin alegría, pues tal cosa no puede fingirla el condenado. Pero saludo, para no faltar a la ley, a quien toda la ley falta. Pero, al acabar mis saludos, me clavo en el pecho la espada que no me ha de servir en el combate. Si el vencido es quien muere y el vencedor quien mata, al confesarme vencido, me declaro vencedor.»· Álvaro Coelho de Athayde, Barón de Teive.
28.5.26
De La Educación del Estoico
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