«Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.»
***«Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre.»
***«Esa noche volvieron a sucederse los sueños. ¿Por qué ese recordar intenso de tantas cosas? ¿Por qué no simplemente la muerte y no esa música tierna del pasado?»
***«Y se preguntaba hasta cuándo terminaría aquello. Esperaba que alguna vez. Nada puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague.»
· Juan Rulfo.
15.9.26
De Pedro Páramo
8.7.26
De Aforismos y afines
«El amor es una muestra mortal de la inmortalidad.»
*
«La vida es un mal digno de ser gozado.»
*
«La ciencia describe las cosas como son; el arte como son sentidas, como se siente que deben ser.»
*
«Los espíritus altamente analíticos ven casi solo lo que son defectos: cuanto más fuerte la lente, más imperfecta se muestra la cosa observada. El detalle es siempre malo.»
· Fernando Pessoa.
De La Educación del Estoico
«Como el gladiador en la arena donde ha sido puesto por el destino que siendo esclavo lo expone como condenado, saludo sin que tema al César que haya en este circo rodeado de estrellas. Saludo de frente, sin orgullo, pues tal cosa no puede tenerla el esclavo; y sin alegría, pues tal cosa no puede fingirla el condenado. Pero saludo, para no faltar a la ley, a quien toda la ley falta. Pero, al acabar mis saludos, me clavo en el pecho la espada que no me ha de servir en el combate. Si el vencido es quien muere y el vencedor quien mata, al confesarme vencido, me declaro vencedor.»· Álvaro Coelho de Athayde, Barón de Teive.
16.5.26
De Reflexiones Sobre las Causas de la Libertad y de la Opresión Social III
«Hay una alianza natural entre la verdad y la desgracia, porque una y otra son suplicantes mudas, eternamente condenadas a permanecer sin voz entre nosotros.Es la situación de extrema y total humillación la que es también condición del paso a la verdad. Es una muerte del alma... Escuchar a alguien es ponerse en su lugar mientras habla. Ponerse en el lugar de un ser, cuya alma está mutilada por la desgracia, o en peligro inminente de estarlo, es aniquilar la propia alma. Es más difícil que lo que sería el suicidio para un niño encantado de vivir. Así, los desgraciados no son escuchados. Están en la situación en que se encontraría aquel a quien se hubiera cortado la lengua y que, por un momento, lo hubiera olvidado. Sus labios se mueven y ningún sonido llega a los oídos. Ellos mismos quedan rápidamente afectados por la impotencia de utilizar el lenguaje ante la certeza de no ser oídos.No hay esperanza para el vagabundo que está de pie ante el magistrado. Si a través de sus balbuceos brota algo desgarrador que atraviesa el alma, no será escuchado ni por el magistrado, ni por los circunstantes. Es un grito mudo. Y los desgraciados entre ellos son casi siempre también sordos, los unos para los otros. Y cada desgraciado, bajo la presión de la indiferencia general, trata, mediante la mentira o la inconsciencia, de hacerse sordo a sí mismo.El espíritu de justicia y el espíritu de verdad no son sino solamente uno, porque la desgracia y la verdad tienen necesidad, para ser oídas, de la misma atención. El espíritu de justicia y de verdad no es otra cosa que una cierta especie de atención, que es la del puro amor.»· Simone Weil.
25.12.21
«Mientras el hombre viva, es decir, mientras constituya un fragmento mínimo de este universo despiadado, la presión de la necesidad jamás se distenderá un solo instante.»· Simone Weil.
«Vivimos en una época privada de futuro. La espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia.»· Simone Weil.
De Reflexiones Sobre las Causas de la Libertad y de la Opresión Social II
«Todo poder, pues, es inestable. En general, entre los seres humanos, las relaciones de dominación y sumisión, al no ser nunca plenamente aceptables, constituyen siempre un desequilibrio inevitable que se agrava continuamente; es así, incluso, en el ámbito de la vida privada, donde el amor, por ejemplo, destruye todo equilibrio desde que intenta esclavizar a su objeto o esclavizarse a él; pero ahí, al menos, nada exterior se opone a que la razón vuelva a ordenarlo todo, estableciendo la libertad y la igualdad, mientras que las relaciones sociales, en la medida en que los procedimientos mismos del trabajo y del combate excluyen la igualdad, parece que hacen pesar la locura sobre los hombres como una fatalidad exterior. Por el hecho de que no hay nunca poder, sino solamente carrera hacia el poder, y una carrera sin término, sin límite y sin medida, no hay tampoco límite ni medida a los esfuerzos que exige; los que se entregan a ella, obligados a hacer cada vez más que sus rivales, que a su vez se esfuerzan en hacer más que ellos, deben sacrificar no sólo la existencia de los esclavos sino la suya propia y la de sus seres más queridos. Es así como Agamenón, que inmoló a su hija, revive en los capitalistas que, para mantener sus privilegios, aceptan a la ligera guerras que pueden arrebatarles a sus propios hijos.
Así la carrera por el poder esclaviza a todos, tanto a los poderosos como a los débiles.»· Simone Weil.
De Reflexiones Sobre las Causas de la Libertad y de la Opresión Social I
«Jamás el individuo ha estado tan completamente entregado a una colectividad ciega, y jamás los hombres han sido más incapaces no solamente de someter sus acciones a sus pensamientos, sino simplemente de pensar. Los términos de opresores y oprimidos, la noción de clase, todo esto está bien cerca de perder su significación: tan evidente es la impotencia y la angustia de todos los hombres ante la máquina social, convertida en una máquina de triturar los corazones, aplastar los espíritus, una máquina de fabricación de la inconsciencia, de la estupidez, de la corrupción, de la abulia, y sobre todo del vértigo.»· Simone Weil.
De Ante el Dolor de los Demás
«La compasión es una emoción inestable. Necesita traducirse en acciones o se marchita. La pregunta es qué hacer con las emociones que han despertado, con el saber que se ha comunicado. Si sentimos que no hay nada que "nosotros" podamos hacer —pero ¿quién es ese "nosotros"?— y nada que "ellos" puedan hacer tampoco —y ¿quiénes son "ellos"?— entonces comenzamos a sentirnos aburridos, cínicos y apáticos.Y ser conmovido no es necesariamente mejor. El sentimentalismo es del todo compatible, claramente, con la afición por la brutalidad y por cosas aún peores.[...]La gente no se curte ante lo que se le muestra —si acaso ésta es la manera adecuada de describir lo que ocurre— ni por la cantidad de imágenes que se le vuelcan encima. La pasividad es lo que embota los sentimientos. Los estados que se califican como apatía, anestesia moral o emocional, están plenos de sentimientos: los de la rabia y la frustración. Pero si consideramos qué emociones serían deseables resulta demasiado simple optar por la simpatía.[...]Siempre que sentimos simpatía, sentimos que no somos cómplices de las causas del sufrimiento. Nuestra simpatía proclama nuestra inocencia así como nuestra ineficacia.»· Susan Sontag.
«Las fotografías objetivan: convierten un hecho o una persona en algo que puede ser poseído. Y las fotografías son un género de alquimia, por cuanto se las valora como relato transparente de la realidad.»· Susan Sontag.
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«Pero el paisaje de la devastación sigue siendo un paisaje.
En las ruinas hay belleza.»· Susan Sontag.
23.12.21
«Las fotografías son un medio que dota de "realidad" (o de "mayor realidad") a asuntos que los privilegiados o los meramente indemnes acaso prefieren ignorar.»· Susan Sontag.
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«No debería suponerse un "nosotros" cuando el tema es la mirada al dolor de los demás.»· Susan Sontag.
9.5.21
«En cuestión de rebeldía ninguno de nosotros debe tener necesidad de antepasados.»· André Breton.
De Manifiestos del Surrealismo V
«En tanto que los hombres no hayan tomado conciencia de su condición —no me refiero solamente a su condición social, sino a su condición misma de hombres, con todo lo que tiene ésta de precario: lapso irrisorio si se lo considera en relación con el campo de acción de la especie, tal como el espíritu cree abarcarla; sumisión, más o menos a escondidas de sí mismo, a pocos instintos muy elementales; capacidad de pensar, sí, pero de una categoría infinitamente sobrestimada; capacidad, por otra parte, afectada por la rutina, que la sociedad cuida de canalizar en direcciones predeterminadas sobre las cuales pueda ejercer su vigilancia y, además, capacidad que desfallece continuamente por la capacidad, por lo menos igual, de no pensar (por sí mismo) o de pensar mal (solo o de preferencia en compañía de los otros)—; en tanto que los hombres se obstinen en mentirse a sí mismos; en tanto que no distingan la parte sensible de lo efímero y de lo eterno, de lo irrazonable y lo razonable que los dominan, de lo único, celosamente preservado en ellos, y de su expansión entusiasta en lo gregario; en tanto que esté repartido para unos, en Occidente, el deseo de arriesgar con la esperanza de mejorar, y para otros, en Oriente, el cultivo de la indiferencia; en tanto que los unos exploten a los otros sin siquiera obtener con eso una satisfacción apreciable —el dinero está entre ellos como un tirano en común cuyo cuello fuera la mecha de una bomba—; en tanto que no se sepa nada y se aparente saberlo todo, con la Biblia en una mano y Lenin en la otra; en tanto que los mirones lleguen a suplantar a los videntes en el transcurso de la negra noche; en tanto que... (no puedo decirlo ya que soy el que menos pretende saberlo todo; pero hay todavía muchos en tanto que, enumerables), no vale la pena hablar, menos aún oponerse unos a otros, menos aún amarse sin oponerse a todo lo que no es amor, menos aún morir y —primavera a un lado, pienso siempre en la juventud, en los árboles en flor, en todo esto escandalosamente desacreditado, desacreditado por los viejos— pienso en el magnífico azar de las calles, aún las de Nueva York, y menos todavía vale la pena vivir.»· André Breton.
De Manifiestos del Surrealismo IV
«En el momento en que yo recargo esta vida de anécdotas tales como el cielo, el ruido de un reloj, el frío, un malestar, vale decir que vuelvo a hablar de ella de un modo corriente. Nadie está exento de pensar en esas cosas, o de tener apego a un peldaño cualquiera de esa escala degradada, a no ser que haya superado la última etapa del ascetismo. Es justamente desde el repugnante hervidero de esas representaciones carentes de sentido que nace y se nutre el deseo de ir más allá de la insuficiente y absurda distinción entre lo bello y lo feo, lo verdadero y lo falso, el bien y el mal. Y como del grado de resistencia que esta idea de elección encuentra depende el vuelo más o menos seguro del espíritu hacia un mundo por fin habitable, se concibe que el surrealismo no tema hacer un dogma de la rebelión absoluta, de la insumisión total, del sabotaje sistematizado y que no espere ya nada que no provenga de la violencia.»· André Breton.
De Manifiestos del Surrealismo III
«La pereza, la fatiga de los otros no me entretienen. Tengo una idea demasiado inestable de la continuidad de la vida para dar a los momentos de debilidad y depresión el valor de mis mejores minutos. Pretendo que se callen cuando han dejado de experimentar sentimientos. Y entiéndase claramente que yo no recrimino la falta de originalidad en sí. Afirmo solamente que no convierto en situaciones los momentos nulos de mi vida, y que puede resultar indigno de todo hombre el cristalizar tales momentos.»· André Breton.
2.5.21
De Manifiestos del Surrealismo II
«[...] Aquella imaginación, que no reconocía límites, ahora sólo se la dejan utilizar subordinada a las leyes de una utilidad arbitraria; incapaz ella de asumir por mucho tiempo empleo tan inferior, generalmente prefiere, cuando el hombre cumple veinte años, abandonarlo a su destino sin luz.Cuando, con el andar del tiempo, el hombre —que nota la pérdida progresiva de todas las razones de vivir y la incapacidad en que se encuentra ya de colocarse a la altura de cualquier situación excepcional, el amor por ejemplo—, quiera intentar una reacción, ya no podrá tener éxito. Pertenecerá en adelante, en cuerpo y alma, a una imperiosa necesidad práctica que no admite postergaciones. Faltará a sus gestos amplitud, y a sus ideas, envergadura. De todo lo que ocurra o pueda ocurrirle, sólo tomará en cuenta lo que lo relacione este acontecimiento con una multitud de acontecimientos análogos en los que no ha tomado parte: acontecimientos fallidos. Yo diría que juzgará ese acontecimiento relacionándolo con uno de aquellos que, por sus consecuencias, resulte mas tranquilizador que los otros. Bajo ningún pretexto verá en él su salvación. Querida imaginación, lo que más quiero en ti es que no perdonas.[...]Reducir la imaginación a la esclavitud, aun cuando sea en provecho de lo que se llama groseramente felicidad, significa alejarse de todo lo que, en lo más hondo de uno mismo, existe de justicia suprema. La imaginación sola me informa sobre lo que puede ser, y esto ya es suficiente para atenuar algo la terrible prohibición, y quizá también para que yo me abandone a ella sin temor de engañarme (como si hubiera posibilidad de engañarse más aún). ¿Dónde la imaginación comienza a hacerse peligrosa y dónde cesa la seguridad del espíritu? Para el espíritu, la posibilidad de errar ¿no constituirá quizás la contingencia del bien?»· André Breton.
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